LUIS ANTONIO BAEZ MIRANDA

Registro Trinidad Flaño.

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Premio nacional “Sello de Excelencia a la Artesanía 2019” por sus “Seis piezas de cestería en ensamble”, un set de cestas hechas con fibra de boqui pil-pil negro. 

Cestería en quila.
Aprendió a hacer canastos por necesidad, pues cuando chico su mamá se enfermó y él tuvo que ayudar en la economía doméstica.
Se dedicó a vender verduras, por lo que se puso a trabajar la huerta, y necesitó un canasto. Entonces fue a pedirle a un caballero de apellido Saldivia, del sector de Huenuco, que le hiciera un canasto, quien en vez de hacérselo, le enseñó cómo confeccionarlo. Le mostró una sola vez y le gustó.
Recuerda que el primero que hizo le salió "tremendo de grande" , pero después se fue prefeccionado. De joven, muchas veces se quedó "corto de monedas" y para obtener un poco dinero hacía un canasto, lo entregaba y listo.
Aunque recuerda haber visto algunos trabajos de su abuelo, nunca lo vio trabajar.
Está contento porque siente que le ha devuelto la mano a quien le enseñó, ya que estuvo tres años como monitor en el Liceo Galvarino Riveros enseñándo a los alumnos de integración, entre los cuales se encontraba un estudiante de Huenuco, que aprendió muy bien la técnica. Actualmente hace canastos solamente a pedido. 
Para que la quila sea apta para trabajar, debe ser “quila vieja”. Ésta se reconoce según la cantidad de ramificaciones o queñes que posee la vara (debe tener de dos a tres).  
Se recolecta con tijera de podar, cuchillo o serrucho. De ahí en adelante, la única herramienta utilizada es el cuchillo o cortaplumas, además de las manos. Se parte en verde y después es importante dejar secar las varas unos cinco días. Luego se limpian y emparejan, dejándolas del grosor necesitado, según el canasto requerido.Una vez que las varas están secas y limpias, se puede comenzar el tejido partiendo por la base, cruzando las varas, y agregando una vara más corta para que queden impares. Luego se empieza a tejer, levantando el tejido hasta formar el canasto. A diferencia del colihue, la quila es flexible y no se quiebra al doblarla, cualidad que permite tejerla.
Para él la artesanía "se aprende de los que ya se han ido, y es una costumbre que hay que mantener, en especial la fibra vegetal que ya casi nadie trabaja. Además, al trabajar la quila, el boqui o el quizcal, que por lo general se ven como una maleza que nadie utiliza, se les da un valor para que así no las quemen o  destruyan. Hacerlas útiles, que sirvan, para que alguien las emplee y no se pierdan, porque si saben trabajarla bien, también 'rinde  un dinero' y puede tener futuro, tanto comercial como para el hogar". 
PULLÁN BAJO, CHAÑIHUE. Noviembre 2006.
"Artesanos Maestros vigentes en su oficio, Chiloé". Proyecto Fondart 2007